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MICRORRELATOS GANADORES
ENTREVISTA A RAÚL SCHENARDI
Publicado el 21/02/06 por Mariela De Marchi

Entrevista a Raúl Schenardi

por Mariela De Marchi*

Raul Schenardi es un traductor italiano que adora la literatura hispanoamericana. Propone autores a las editoriales, colabora con varias revistas escribiendo perfiles, reseñas y haciendo entrevistas. Además da conferencias sobre autores y movimientos contemporáneos en el Instituto de Iberística de la Universidad de Milán y presenta autores de paso por Italia. Pero sobre todo es el principal, por no decir el único, especialista en ciencia-ficción de autores de habla hispana.

¿De dónde viene tu amor por las letras españolas, cómo te acercaste a ellas?

Cuando era chico salían justo todos estos novelones del boom latinoamericano, de García Márquez, Carpentier, Cortázar y todos estos grandes nombres. Ahí yo leí antes en traducción, después cuando empecé a aprender español, a finales de los ‘70, empecé a leer de nuevo todos esos libros que me habían gustado en su idioma original. Y bueno, desde ahí después tuve ganas de descubrir nuevos autores, nuevas olas narrativas sobre todo.

¿Qué es lo que más te gusta de la lengua española?

Bueno, quizá por ser italiano y haber aprendido ya antes el francés, tenía alguna facilidad para aprender el idioma y gustarlo. La encuentro una lengua mucho más cariñosa que el italiano. También el habla de la gente, hay más expresiones cariñosas, un uso de los diminutivos...

Muy extendido...

Sí, y eso no pasa en Italia. Incluso a veces si leo autores que escriben en alguna jerga, o juvenil, no son tan duras y tan feas, a veces, como en italiano.

Sí, el italiano es bastante áspero en ciertas jergas. Pero del español hay muchas variedades, tiene una riqueza enorme. ¿Crees que se puedan llamar “una” lengua?

Pues sí y no. O sea, creo que en algún sentido no, porque yo encontré dificultades las primeras veces por ejemplo que leí autores guatemaltecos o yo que sé... argentinos, o paragonar el argentino con el mexicano que son los más... Por otro lado entiendo que para un escritor, bueno eso me lo dijo una vez Roberto Bolaño - que es un escritor que admiro muchísimo y se murió un par de meses después de que le hice una entrevista -, él me dijo “la patria de un escritor es su lengua, y yo nunca me sentí un exiliado cuando me fui a vivir en España”. Y eso también lo entiendo, es una lengua común, hay una base común donde todos pueden más o menos entenderse. Y de ahí, bueno, hay muchas particularidades, muchas especificidades. Pero por eso mismo de que está hablada por tanta gente en países tan distintos, como historia y todo, es una lengua casi plural. Y esa es su riqueza, me parece.

Tú conoces la producción literaria de muchos países, prácticamente de todos los de habla hispana, últimamente has hablado de nueva narrativa guatemalteca, cosas que se conocen muy poco. ¿Crees que las fronteras territoriales marcan un límite también en la literatura? ¿Realmente es diferente la literatura de un país al otro? ¿Existe la literatura nacional o tendríamos que hablar más bien de autores específicos?

Uno y otro, otra vez no puedo contestarte (risas). O sea que yo creo que sí hay una especificidad de muchos escritores latinoamericanos, llamémosles así, y en otro sentido hay individualidades muy fuertes que sobresalen un poco de lo que son los límites nacionales. Pero por la historia que tuvieron, distinta muchas veces en varios países, seguro que hay una impronta nacional en la literatura. Pienso sobre todo en la literatura argentina, que tiene una gran fuerza y sobre todo una tradición literaria ya muy asentada y muy rica. Por otro lado hay también escritores que se sobresalen un poco de eso, sea en el sentido malo, digamos, del término, o sea que adoptan una literatura un poco globalizada, un poco en estilo norteamericano, un poco en estilo juvenil; y sea en sentido de otros escritores que sobresalen por su experiencia existencial, en fin, porque salieron quizá de su país por razones de exilio o simplemente... y por eso salieron un poco del marco estrictamente de una literatura nacional, por hablar de experiencias distintas, de viajeros.

Y además de una vida, de unas vivencias que salían de los mismos territorios.

Sí. Y por otro lado creo que sí hay una literatura nacional porque por ejemplo pienso en la literatura guatemalteca, la historia de ese país y de sus intelectuales, escritores. Fue tan particular, tan marcada de violencia por tantos años que, claro, al final los temas de muchos de esos escritores no se escapan de su historia, de la actualidad, de los temas, y eso lo marca en un sentido nacional, muy distinto.

¿Hay algún país hispanoamericano en el que se escriba más ciencia ficción?

Bueno, digamos, yo creo que en casi todos los países tengo noticias de escritores, de revistas, de movimientos. Después, claro, hay que ver lo que sale un poco de calidad literaria. En eso, por lo que conozco, creo que los más versados sean los argentinos, los mexicanos y los cubanos. En Argentina hay escritores como Carlos Gardini, Angélica Gorodischer –que también se ha publicado algo de sus obras en España–, que tienen una gran envergadura, una gran calidad literaria, años de seguir escribiendo y elaborando sus temas. En México, por ejemplo, hay escritores más jóvenes, sobre los 30 años, que se movilizaron sobre todo después de la ola del cyberpunk a nivel mundial y escriben un poco en este marco. Escriben cosas interesantes, para mí que pueden tener un futuro, y hablando de una literatura que se enfrenta con los temas del futuro es todo un decir.

¿Tú te has acercado a la ciencia ficción a través de los autores de habla hispana o con los clásicos? ¿Con cuáles?

Yo era un aficionado de ciencia ficción, como les pasa a muchos, cuando era chico. Después seguí unos autores que me habían impactado mucho, pero dejé un poco lecturas tan masivas de este género. Después los que se asentaron, cuando tenía un poco más de gustos literarios, digamos, para poder juzgar, son los que todos van nombrando al final: Philip K. Dick, Ballard. Después me di cuenta de que como se escribe ciencia ficción en Italia o en Francia o en otros países, también en América Latina había escritores de ciencia ficción. Y, además, lo que es interesante es que como todos tenían una tradición literaria particular a sus espaldas, que no era la misma de los escritores de ciencia ficción estadounidenses o de lengua anglosajona, había cosas interesantes ahí. Porque era un tentativo, de alguna manera, de llevar temas que eran enfrentados sobre todo por escritores que vivían en países tecnológicamente avanzados y donde el progreso científico mismo, digamos, empujaba a enfrentar ciertos temas, pero habiendo por detrás, hablo por ejemplo de Gardini, un escritor como Borges, una tradición literaria de fantástico muy amplia, muy rica. Podrían aprovechar de eso para hacer cosas muy interesantes, creo, a nivel internacional.

Entonces es diferente la ciencia ficción en lengua española a la de lengua inglesa.

Porque enfrenta menos los temas de la que llaman hard fiction, la ciencia ficción dura, muy centrada sopre temas de avances tecnológicos y científicos, mientras que aprovecha más del versante fantástico, interior, psicológico, que son también las tendencias más modernas de la ciencia ficción en general.

Me parece que la ciencia ficción es una metáfora del hombre mismo, de la existencia. ¿Tú que crees?

Claro, como en todos los buenos escritores de ciencia ficción de siempre. Se habla por ejemplo de Ray Bradbury que es un clásico con sus Crónicas Marcianas, y ya Borges prologando sus libros decía eso, o sea “este hombre nos habla de Marte pero está hablándonos de los hombres de hoy, de nosotros”.

Tal vez ya me has dado la respuesta, pero... ¿Por qué te gusta tanto la ciencia ficción?

(Risas) Bueno, como te dije quizás sean estos imprinting que se cogen cuando eres joven y lees entusiasta todo lo que pasa, ¿no? Y hay libros de bolsillo así, que te puedes comprar con tus ahorros de chico, y ahí hay que elegir entre literatura negra, policiacos, o aventuras o ciencia ficción. Yo me fui hacia la ciencia ficción, la literatura negra la descubrí más adelante en mi vida. Pero creo también que es una forma de las más vitales de literatura que hay, y eso está demostrado por el hecho de que, de los sesenta hasta hoy, pasaron muchos movimientos, muchas tendencias y hubo siempre un renovamiento. Además la ciencia ficción explotó en el cine, en la tele, y cuando hay una base literaria buena, o sea cuando una película toma como referente un buen libro o un buen cuento, ya salen cosas buenas también en el cine. O sea que es un imaginario, el de la ciencia ficción, al que se puede recurrir con mucho provecho no sólo para contar historias de fantasía, sino también para hacer realismo, para hacer crítica social, para hacer introspección psicológica. Te da herramientas para hacer de todo.

¿Y tú traduces sólo ciencia ficción? Imagino que no...

Por supuesto que no, porque es mi pasión pero tampoco quiero especializarme y quedarme con un gusto literario único. Me gusta de todo y voy eligiendo, cuando puedo, autores o novelas que sean de mi gusto y que puedan encontrar el gusto de los lectores italianos también. Y para empezar por los editores, que no siempre son fáciles de convencer.

Ahora, los clásicos de la literatura fantástica hispanoamericana se encuentran con relativa facilidad en las librerías, al menos en Italia. ¿Los nuevos talentos tienen dificultad en entrar? ¿Se venden bien? ¿Encuentran el éxito?

No, tienen bastantes dificultades, de vario tipo. La primera, para como la veo, es que el público italiano fue acostumbrado, después de la ola de los escritores del boom, tan sólo a recibir un tipo de literatura que viene de América Latina. Los escritores que venden más son Isabel Allende, Marcela Serrano, Laura Esquivel, Paolo Coelho, etcétera. Y si sale algo, un escritor que no está en estos tipos de literatura, que es un poco el realismo mágico con todas sus variantes y sus epígonos –ahora es sobre todo el realismo en salsa new age, diría, ¿no?–, si no es obra de realismo social y de denuncia política, si no es un policíaco que atrape al lector... Hay dificultades para proponer nuevos autores, nuevas voces. Y creo que es sobre todo un fenómeno de mercadotecnia, de situación de mercado editorial. Por ejemplo hay muchos escritores de treinta o cuarenta años que tienen éxito en sus países o en España y aquí no llegan. Es más, el año pasado publicaron un libro de Carlos Fuentes que se publicó exactamente cincuenta años antes en México. O sea, es difícil, porque el mercado italiano, como otros de Europa, está claramente debajo de un mercado anglosajón y lo que pasa ahí se vuelve best-seller y se vende fácil también en Italia. Pero lo que no sale de ahí tiene que pasar por muchos filtros y juicios antes de llegar a un lector.

O tiene que encontrar otros vericuetos como internet, digamos, para hacerse encontrar.

Sí, pero de todas maneras la política de las grandes editoriales es la de sacar libros que venden mucho o muchísimo, y si no hay esta perspectiva pasan de publicar algunos autores. Por otro lado, las editoriales pequeñas o medianas, que una vez tenían esta tarea de hacer como de pilotos, de pioneros, de descubridores de talentos, atraviesan grandes dificultades, siempre por razones de mercado. Todo eso hace que no sea fácil que nuevas voces de escritores de Latinoamérica lleguen al lector italiano.

Sé que a través de internet logras encontrar bastantes autores interesantes, que así has encontrado a Carlos Gardini, por ejemplo, y has logrado hacerlo publicar. ¿Nos cuentas algunas experiencias de este pasaje casi obligado a través de la red?

Bueno, esto para empezar es bastante simpático, porque ahora con internet te encuentras en la red, puedes leer cuentos, trozos de novelas de escritores, hacerte una idea y si la cosa te parece interesante contactarlo y a ver qué pasa. Claro que antes un trabajo de este género podía ser mucho más complicado, tan sólo para procurarse noticias, y mucho más lento. Bueno, experiencias las hay buenas y muy malas. Por ejemplo Carlos Gardini; conseguí publicar algunos cuentos y una novela breve suya, pero Mondadori adquirió los derechos de El libro de la tierra negra, que está publicado también en España, y después no lo publicó. Y quizá tampoco lo vaya a publicar, a pesar de que le gustó muchísimo al director de la colección Urania, que es su colección de libros de bolsillo de ciencia ficción, y que les gustó a todos. La excusa para no publicarlo fue que tenía un nombre que sonaba italiano. O sea que el que decidió no publicarlo tampoco leyó el libro, tan sólo lo vio y dijo “bueno, éste no, porque quizás que no se venda”... Y eso después de haber pagado los derechos del libro y después de haber pagado la traducción, ¿no? O sea...

Bueno, al menos pagaron al traductor...

Sí, pasan cosas así. Por otro lado, conseguí publicar un librito de una escritora guatemalteca, Eugenia Gallardo, que era una ópera prima en Guatemala. Y eso es algo bastante milagroso, para mí, que un editor italiano pequeño decida publicar la ópera prima de un autor de Guatemala es bastante raro. Así que hay satisfacciones por un lado y decepciones por otro.

¿Tú mantienes el contacto con los autores que traduces?

Pues sí, porque normalemente son libros de autores que elijo, así que me gustan y cuando entrelazamos una correspondencia email o hay ocasiones de vernos cara a cara, de hablar, es muy fácil que se entrelacen también amistades y relaciones de larga duración.

¿Y crees que influye en la calidad de la traducción el hecho de que haya una relación entre el traductor y el autor?

Bueno, si no en absoluto, creo que sí. Por ejemplo salió ahora una novela que salió también en España hace un par de años de un escritor cubano de ciencia ficción, Juan Abreu. Y bueno, la ayuda suya en este caso fue muy útil, porque había expresiones cubanas que no conseguía entender, había algunas dificultades estilísticas en el texto. Claro, si estás en contacto con el autor puedes pedirle explicaciones y todo, el trabajo sale mejor.

¿Algún autor te ha resultado antipático y te ha causado dificultades de traducción este hecho subjetivo?

Mira, tengo que hablar de un escritor que se murió hace unos meses, y decir que me cayó antipático es algo verdadero y falso al mismo tiempo, porque era un escritor muy simpático, pero en el plano de los contactos que tuvimos me di cuenta de que el hombre probablemente era muy... un hermitaño (risas). Así que tenía un trato poco simpático, eso. Pero bueno, es un escritor que yo recomiendo a todos porque es un gran maestro de la literatura fantástica, un escritor uruguayo, Mario Levrero, del que salieron en España un par de títulos, creo, La ciudad y otros. Y bueno, se murió hace algunos meses pero creo que se va a leer todavía dentro de cien años, porque era un escritor muy particular, muy dotado.

¿Cuáles son tus cinco libros del alma? No los más lindos, sino los que más quieres. Es difícil...

Sí, muy difícil. Más que libros podría hablarte de autores, de escritores, porque siempre tuve este vicio maldito de que cuando me gustaba un libro de un escritor me ponía a leer todo lo que había escrito, cartas a sus novias incluídas (risas). Por eso tendré que nombrar sobre todo a Kafka, Beckett. Bueno, para no dar los nombres de siempre de literatura latinoamericana o hispanoamericana, daré el nombre del que es mi escritor preferido viviente ahora en absoluto. Es un escritor argentino, César Aira, del que ya están publicados varios libros en España. Cuando consigo poner las manos sobre una nueva novela de César Aira, ya sé que se abre un espacio de felicidad para mí por algunas horas, y como va sacando novelas al ritmo de tres o cuatro cada año, me hace muy feliz. Vamos un poco para atrás. Dante, seguramente, una de las pocas lecturas que hice en la escuela y que no me cansaba volver a leerla. Guillermo Cabrera Infante, lo pongo de nuevo ahí, porque es una escritura tan polifónica, humorística, buena, al final, que es algo que salvo sin dudas de la temporada del boom latinoamericano.

Muchas gracias, Raúl.

Gracias a ti.

*Mariela De Marchi es escritora, traductora y periodista freelance. Esta entrevista fue realizada para el programa literario “El jardín de Milena” de Radio Salobreña, España.

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