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MICRORRELATOS GANADORES
ENTREVISTA A CRISTINA SÁNCHEZ-ANDRADE
Publicado el 2/12/05 por Mariela De Marchi
 

Por Mariela De Marchi*

Cristina Sánchez-Andrade, escritora nacida en Santiago de Compostela, es licenciada en Ciencias de la Información y en Derecho, ha colaborado en el Departamento de Cultura de la Oficina del Parlamento Europeo en Madrid y ha escrito artículos y críticas literarias en varias publicaciones. Ha publicado las novelas “Las lagartijas huelen a hierba”, “Bueyes y rosas dormían” y “Ya no pisa la tierra tu rey”, con la que ha ganado el premio Sor Juana Inés de la Cruz 2004. Conversamos con ella durante la Feria de la pequeña y mediana editoría de Roma, en diciembre de 2004.

MD: Quisiera que nos contaras con tus palabras de qué se trata este libro, Las lagartijas huelen a hierba, que se ha presentado en Italia.

CS-A: Esa es una historia que se desarrolla en lo que parece ser, porque tampoco queda muy claro, Galicia, que es el sitio donde yo nací. Es la historia de dos viejas que viven en una casa labriega, con su pozo, con sus gallinas. Y viven junto con dos niños que también parece ser que son los nietos. Estos personajes van buscándose a sí mismos durante toda la novela, van buscando su identidad. De paso se van encontrando con la soledad. Y bueno, un poco la idea es esta búsqueda de la identidad y, pues, finalmente el miedo a la libertad.

Esta búsqueda de la identidad es un elemento que también está presente en el último de tus libros, “Ya no pisa la tierra tu rey”, que es la búsqueda a través de diferentes voces en un ambiente en el que la identidad se pierde un poco. ¿Crees que es un elemento tuyo o de la literatura en general?

Yo creo que quizás sí que coincida con otros autores, es probable, ¿no? Porque no creo que sea un tema único mío. Pero bueno, digamos que cada escritor tiene sus obsesiones. Y este, como bien has dicho tú, pues también está presente en mi último libro. Es muy probable que coincida con otros escritores, pero cada escritor tiene sus fantasmas que le obsesionan... porque uno termina un libro y cree que ya ha terminado, ha zanjado con ese fantasma, pero por lo que veo sigue presente.

O llega otro...

O llega otro, nuevo, ¡más virulento!

¿Y cuáles son los que crees haber dejado atrás? Porque nada es seguro...

Pues... Bueno, por ejemplo con mi última novela, es un personaje múltiple, son unas monjas que viven en un convento. Son ventitantas monjas y la narración se hace en primera persona de plural, es un “nosotras”. Esas monjas estaban en el segundo libro. Y yo creo –creo pero no estoy convencida–, que quizá me haya librado de estas monjas ya, como en su día me libré de las viejas, que aparecen en la primera novela, en Las lagartijas huelen la hierba. Espero haberme librado ya, porque es muy pesado seguir con un mismo personaje para el siguiente libro.

Además porque la diferencia de la novela con los cuentos es que te acompaña por mucho más tiempo en la elaboración. ¿Te pesan mucho los personajes?

Sí, yo creo que la novela no surje cuando se tiene el tema sino cuando se tiene el personaje. El personaje es el que tira de ti, tira del tema, tira del entorno y tira prácticamente toda la novela.

¿Y el personaje cómo nace en ti? ¿Se te va insinuando desde adentro y luego lo identificas?

Sí, se va poco a poco insinuando y tú no sabes con quién estás tratando y finalmente, cuando ya tienes unas cuantas páginas, bastantes, tienes el personaje y dices “bueno, pues a ver qué hace ahora conmigo”

Tu narración, sobre todo en Las lagartijas..., es de una sensualidad y de una sensorialidad muy marcadas. ¿Te has dejado llevar o te ha costado mucho, ha sido muy trabajoso el libro?

No, precisamente este es el libro que escribí con más rapidez, yo creo que lo escribí en tres o cuatro meses, muy rápido, porque normalmente tardo más. Sí, es verdad, están muy presentes todos los olores, todos los elementos de la naturaleza, el viento es prácticamente un personaje, están las gallinas, están los higos... Bueno, es parte del libro y prácticamente son personajes también.

Tú no has planeado con anticipación el ambiente que estabas creando, imagino, porque se siente tan espontáneo que no parece una cosa premeditada. ¿Te ha tomado de sorpresa, te ha sorprendido?

Sí, siempre digo que es inútil pensar un plan para una novela porque probablemente no salga. Entonces mejor dejarse llevar y ver un poco, uno siente ya cuando se encuentra bien, cuando uno ha encontrado ya todos los personajes, cuando ha encontrado el entorno, el tono. Hay algo como que vibra dentro y entonces es el momento de seguir escribiendo.

Un proceso bastante intuitivo, en tu caso.

Sí, en mi caso sí, pero eso no quiere decir que todo el mundo escriba así ni muchísimo menos. No, no, al contrario. Hay gente que necesita planear todo, que no se permite cambiar nada porque eso le desborda de alguna manera la narración. Pero no, en mi caso es muy intuitivo. Que es también muy caótico porque uno no sabe por dónde va a ir. Y un día escribes mucho, otro día no escribes nada, otro día has trabajado y otro día ha sido inútil. Pero bueno, es así, vivo un poco a la merced de lo que la propria narración vaya tirando de mí.

¿Y qué piensas, honestamente, de esta sorpresa de la interpretación italiana que se ha dado de tu primer libro? Es decir de que en Italia se lea más desde el punto de vista de los niños y no tanto de las viejas, que era tu idea original.

Eso es algo que me ha sorprendido mucho. Y bueno, pues me hace pensar, quizá lo que comentaba Filippo La Porta, que aquí la gente sigue siendo niño y que vive un poco en esa inocencia. Pero bueno, en todo caso es algo muy llamativo y es algo que me gusta, que los libros tengan una lectura distinta, dependiendo un poco de la cultura.

Sí, inesperada, en parte. Tú, cuando escribes, ¿lo haces pensando en ti, en el proceso, en tu trabajo o en quien leerá?

No, no escribo pensando en quien lee, porque si no estás tan condicionado por los gustos y por... no, no. Tampoco escribo pensando en mí, o sea, escribo un poco, me dejo llevar desde adentro. Que salga casi de las entrañas, es algo muy visceral. Nunca pensando en los lectores, porque probablemente si pensara en las grandes masas que me van a comprar si escribo de esta manera no me saldría nada.

¿Y tienes una especial receta tuya para escribir?

No, realmente no. Yo trabajo mucho con conexiones, una palabra me lleva a otra, una frase que he oído me lleva a tal, un personaje, alguien que he visto, me lleva a otro... Un poco conectando cosas, pero sin un plan.

¿Y tus escritos los lee alguien antes de ser publicados, antes de pasar por el editor?

Intento que sí, porque es algo muy importante. Es muy importante porque llega un momento en que uno está ya muy ensimismado, muchas horas de trabajo. La verdad es que es un poco sorprendentes porque hay veces que lo que a ti te gusta, al otro no le gusta y entonces te interesa retocarlo. Intento sí dárselas a alguien a leer antes de presentar. Tendría que estar muy segura de mí misma, que no lo estoy, para presentar un libro recién terminado sin que nadie más lo haya leído.

¿Y cuál ha sido tu preparación, o más bien tu camino para escribir? ¿De dónde has partido? ¿Has hecho por casualidad un curso de escritura creativa?

Bueno, sí que hice hace mucho un curso pero muy poco tiempo, era un curso que duraba tres años y yo hice tres meses. Realmente los cursos estos no te enseñan a escribir, te dan pautas de lectura, que es muy importante, y te dan alguna pauta de escritura también y luego eres tú realmente el que tiene que escribir. Entonces empecé escribiendo cuentos, los presenté a un concurso en España, ganaron algún premio y eso me animó mucho. Y luego empecé con la primera novela, y ya la segunda y la tercera.

Tus libros son acogidos con mucha sorpresa, porque es una escritura muy original, muy tuya, muy diferente. ¿Qué te parece la reacción de la gente?

Bueno, pues realmente el que se diga que es una escritura original y un tanto insólita me gusta. Porque creo que es primordial que el autor tenga su estilo y que se le reconozca por él.

Y crees que escribir te ayuda a encontrar otras, cómo decir...

¿La parte oscura de mí? (risas) Yo creo que sí...

(risas) Más o menos, exacto...

Sí, hombre, el que escribe se descubre, eso está claro, se descubre mucho. Y hay una cosa que es cierta y es que para escribir algo interesante hay que hacerlo de una manera sincera. Aunque no te guste lo que salga muchas veces, porque hay partes nuestras que no nos gustan, ¿no?, y que salen con la escritura. Pero está claro que un texto nunca va a ser interesante desde ningún punto de vista si no es sincero. Digamos que tapar aquello que quiere fluir y no sale sería el peor defecto de un escritor.

¿Te sientes más cómoda ahora en la novela, es tu camino? ¿Piensas que has encontrado tu estilo o hay algo más que quisieras explorar?

Quizá sí me encuentre mejor en la novela. Porque el cuento para mí es muchísimo más difícil. Una frase demás en un cuento puede estropearlo, ¿no? Pero bueno, no me cierro, la verdad es que me gustaría hacer más cosas, explorar nuevos terrenos. También me he dedicado algo a la traducción y voy a seguir un poco con ello. O sea que estoy abierta a más posibilidades.

¿Y cómo has comenzado con la traducción?

La editorial Siruela, en España me propuso traducir un clásico inglés, que es de tiempos de Lewis Carrol, de Alicia en el país de las maravillas, algo parecido. Eso ya lo hice y ahora ellos quieren tener una versión de Cumbres burrascosas. Entonces bueno, pues a ver qué pasa. No he empezado todavía pero puede ser interesante, ver cómo se siente una como escritora dentro de un libro como Cumbres burrascosas, tan apasionado y tan visceral.

¿Qué diferencias notas entre la escritura del escritor y la del traductor?

El traductor que es escritor pone algo de su parte también, algo de su actividad como escritor, es inevitable. Pero, bueno, hay que intentar, por supuesto, respetar al máximo el estilo, el tono, el espíritu del libro que estás traduciendo porque puedes convertirlo en otro, te lo puedes cargar. Luego tiene otra parte que es más relajada que la de escribir porque toda la creación ya está hecha, aunque te puedes encontrar en un momento dado con un párrafo que se te atraviese. Yo lo encuentro más relajado que escribir, que crear tu obra desde cero.

¿Crees que el traductor tiene más conciencia de la obra que el mismo autor? Por el hecho de que el autor a veces se lanza inconcientemente y se deja llevar...

Sí, totalmente. Estoy convencida de que cualquier traductor que haya tomado su tiempo para hacerlo bien conoce el libro mucho mejor que el escritor. O por lo menos tiene una información más de detalle que el escritor.

¿Cómo te has encontrado con quienes te han traducido en otros países?

Pues, bueno, me han traducido al italiano y al portugués. Los dos la verdad es que me parecieron textos bellísimos, incluso más bellos. Como el libro tiene muchas reminiscencias a la cultura gallega, el portugués le iba al pelo, y en el caso del italiano también, muy bien.

A propósito, escribes directamente en español, imagino. ¿Te lleva algún conflicto con el gallego?

No, porque mi lengua de escritura y de estudio ha sido el castellano siempre. Lo único sí que me llegaban algunas influencias de palabras, de ambientes y demás. No es conflictivo ni muchísimo menos. No estoy tan arraigada en la cultura gallega como para tener que escribirlo en gallego y que luego se traduzca al castellano. Yo soy de padre gallego y nací allí y todos los veranos vamos allí, todavía seguimos yendo. Pero siempre he vivido en Madrid y he estudiado en castellano.

¿Sientes que la lengua una? ¿Te has sentido parte de “algo” cuando has ido a México o a otros países?

Sí, está claro que la lengua une muchísimo, la cultura. Sí, en México un español se siente muy bien, se siente como en casa y en parte es por la lengua. Y en Italia también porque más o menos nos entendemos, aunque yo no hablo italiano pero con un poquito que he estudiado lo entiendo. Claro que influye, no estás ajeno a las conversaciones, a lo que oyes, a lo que lees, a lo que estás viviendo.

¿Te han clasificado alguna vez en esas odiosas definiciones de literatura de género, literatura femenina?

No, porque tampoco hago una literatura de género. Yo lo que siempre digo es que no existe una literatura de mujeres. Existe una sensibilidad distinta en la mujer y el hombre, y eso nos hace escribir en una manera, o escoger unos temas concretos que a lo mejor el hombre no escogería o a lo mejor sí, no se sabe, ¿no? Otra cosa es por ejemplo el premio que me acaban de dar en México en el marco de la feria internacional. Pues este es un premio de novela para mujeres, y desde el punto de vista de un español o de un italiano no se entiende tan bien. Porque dices “¿pero por qué para mujeres?”. En España la mujer no tiene ningún problema para publicar ni para acceder a una editorial. Pero en México sí, todavía sí, la mujer sigue estando discriminada y son muchísimos más los hombres que publican.

Ahora, publicar en España, ¿qué tan difícil es para alguien que comienza? Porque en Italia, al menos es toda una epopeya...

En España también, es muy complicado, es muy difícil. Yo empecé en una editorial pequeñita y que me dió la oportunidad y de ahí...

Lengua de trapo...

Sí. Pero aún así Lengua de trapo tiene cientos de manuscritos. Alguna vez que paso por ahí, por la sede, tienen tochos y tochos de manuscritos que leen, tardan a lo mejor en dar una respuesta, si te la dan, hasta un año. No es nada fácil. Hombre, es un camino. Incluso cuando has publicado una novela, quién eres, no eres nadie, ni dos ni tres. Quizá los premios son lo que te da un poco más repercusión y demás, pero en todo caso es un camino muy lento.

¿Estás de acuerdo con lo que dice Enrique Vila-Matas, que se lamenta de las mafias literarias, que dice que se premian los unos a los otros?

Ah, bueno, totalmente. En España funciona así. Los premios están totalmente viciados y se premia al que ya vende o al que ya tiene sus lectores porque es presentador de televisión y es conocido. Y son premios, la verdad, poco limpios. Me da pena decirlo pero es así

Y estos encuentros de presentaciones y encuentros con lectores, ¿te parecen necesarios? Porque tiempo atrás lo que hacía el autor era escribir y basta.

No, es muy importante, porque el escritor necesita tener el punto de vista del lector. Es fundamental, y sobre todo si, como ha ocurrido aquí, se descubre que se ha hecho una lectura distinta. Es maravilloso, eso quiere decir que hay otras maneras de interpretar tu propio libro.

Para terminar dime cinco libros que ames, no necesariamente los más lindos o mejor escritos.

Claro, porque a lo mejor te gusta un autor pero no todos sus libros, es mejor decir libros, efectivamente. De los que me han marcado, podría decir La familia de Pascual Duarte, de Cela, un libro impresionante; El gran cuaderno, de Agota Kristof, una autora de origen húngaro que escribía en francés porque se exilió y vivió en Francia; quizá El amor en los tiempos del cólera, de García Márquez; cualquiera de los de Italo Calvino, El caballero inexistente, El barón rampante, cualquiera, son todos impresionantes. Y cualquier libro de Herta Muller, que es una autora rumana que escribe en alemán.

* Mariela De Marchi es escritora, traductora y periodista freelance. La presente entrevista fue realizada para el programa literario “El jardín de Milena”, de Radio Salobreña, España.

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